Soy José Lacarra, presidente de la peña San Bartolomé de Ribafrecha (La Rioja).
Cuando ocurrió lo que ocurrió, no podía quedarme con los brazos cruzados. Sentía la necesidad de ayudar a esa gente. Le pregunté a Sergio (otro voluntario), que ya había bajado, qué era lo que más hacía falta. Me dijo que comida caliente sería una buena opción, ya que solo éramos dos personas. No me lo pensé dos veces. Con él empecé a preparar lo que íbamos a necesitar.
Al principio bajamos sin saber dónde íbamos a dormir. Yo estaba mentalizado de hacerlo en el coche, y me daba igual. Pero entonces apareció Óscar Olgado, un recortador que sube a La Rioja a los concursos, y nos ofreció un lugar. Cuando llegué a Catarroja me quedé destrozado por lo que estaba viendo. Pero esa sensación de impotencia me dio fuerzas para empezar.
Desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde, sin parar, preparamos más de 500 raciones de patatas a la riojana. Ver a los voluntarios que venían a comer y, al darse cuenta de que todavía no estaban listas, se ponían a pelar patatas con nosotros para adelantar el trabajo… Eso me llenó el corazón. Todavía hay personas con bondad y ganas de ayudar, y ese espíritu se respiraba en cada momento.



Hice buenos amigos pese a las circunstancias. Esos abrazos que nos daban eran reconfortantes, nos daban fuerza para seguir. Cuando volví el domingo a Logroño, fui directo al trabajo, pero esa noche no pude dormir. Sergio ya me había advertido que me pasaría, y así fue. Pasé horas llorando, recordando lo vivido. Y eso que yo fui a ayudar.
Me prometí a mí mismo que volvería a Catarroja para seguir ayudando en todo lo que pudiera. Aun así, siempre me quedo con la sensación de que podría haber hecho más. Pero también tengo una familia que me necesita.
Solo quiero agradecer de corazón a toda esa gente por los abrazos y la alegría que nos regalaron. En momentos tan duros, esas muestras de humanidad lo significan todo.