Todo comenzó como un impulso. “No podía quedarme quieto viendo todo eso desde casa”. A pesar de tener un empleo que me exigía tiempo, mi jefe me dio facilidades para poder ausentarme los viernes por la tarde y bajar a Valencia. Lo hacía tras largas jornadas laborales, dedicando los fines de semana a ayudar en la zona cero.
Al llegar no fue sencillo. Las autoridades nos pusieron trabas para entrar en Catarroja. Pero la determinación fue más fuerte que cualquier obstáculo. “Dije que había dos maneras: o nos dejaban entrar con la ayuda humanitaria, o lo hablábamos con el juez. Entraríamos de cualquier forma”.
Lo que encontré al llegar fue desolador. El barro lo cubría todo, y los vecinos intentaban salvar lo poco que quedaba de sus pertenencias. Habían voluntarios, pero faltaba organización. Al principio estuve ayudando a sacra coches de los garajes y más adelante, junto con mi amigo Jose, de Ribafrecha, durante semanas estuvimos dando de comer a voluntarios y vecinos de la zona, preparamos más de 3.500 raciones de patatas a la riojana. La gente decía que no era lo mismo comer un bocadillo que un plato caliente preparado con cariño. Incluso llevamos vino y zurracapote de mi tierra para acompañar las comidas, creando momentos de humanidad y alivio en medio de la tragedia. Uno de ellos fue cuando un matrimonio, tras estar semanas atrapados en el lodo se nos acercó y nos dio un abrazo y nos dijo “Gracias. No es solo por la comida, sino porque, en un mes y medio, es la primera vez que sentimos que volvemos a tener vida social.”

Una de las historias más conmovedoras fue la de Pilar y Enrique, quienes decidieron usar el dinero del regalo de la boda de su hijo para comprar un coche y donarlo. Ese vehículo lo llevé yo mismo a una familia de Paiporta, donde marcó una diferencia tangible en la vida de quienes lo recibieron. También hicimos una campaña de recogida de juguetes en Logroño para Reyes y conseguimos llevarnos para allá 1400 juguetes.
Entrega de vehículo a familia de Paiporta

Pero no todo fueron buenos momentos. Uno de los recuerdos más duros fue encontrar el cuerpo sin vida de una joven en un garaje. “Es algo que me marcó profundamente”.
Sin duda. Esto me ha cambiado la vida. Esta experiencia me ha enseñado a valorar cosas que antes daba por hechas. Pequeños detalles, como abrir la puerta de tu casa y compartir lo poco que tienes, adquieren un significado inmenso. “Por muy dura que sea la vida, siempre se puede salir adelante. Con o sin instituciones, entre nosotros podemos con todo.”
